Somos artistas callejeras y carnavaleras. Allá afuera danzamos, trabajamos, jugamos y nos conocemos. La calle es la calle: diversa y expuesta. En las ruidosas calles de Santiago, los profundos diálogos del ser no tienen voz, se pierden en los gritos y ajetreos de la urbe; es el cuerpo quien toma la palabra. Sólo con estar presentándote en un “aquí”, transformando espacios, ineludiblemente dialogando con las otros cuerpes. Nuestra comparsa cultiva alegría en la ciudad, transportamos amor en nuestra danza, hacia todos los rincones que podamos, nos nutrimos de la magia que ocurre cuando llegamos a los espacios. Cuerpos y personas confluyen con nosotras en la fiesta, siempre intensa, siempre mística y colorida, del carnaval.

Gladys Villán (G.V): La danza despierta una energía potente. En el cuerpo, en las caras, la risa, el disfrute. Se transmite de verdad y en forma natural: por la música que tocan/componen los músicos, la samba y el afro, que es muy intensa. Al ensayar uno piensa ‘hay que empezar suavecito’ ¡Pero no se puede! La energía te empuja a que salga muy grande, muy energético y estar ahí. No es que deje de lado la técnica, pero disfruto y suelto mi cuerpo, tomo otra energía.

En nuestro itinerar por la ciudad conocemos y nos conectamos con las realidades de la calle sólo delimitadas por la experiencia corporal.  Allí otras claves rigen lo similar y lo distinto, la norma y lo subversivo, la clase social y el género.

Catalina San Martín (CSM): Borrachos e indigentes son los primeros que se atreven a bailar, van y se meten ¡No hay que rechazar ese cuerpo!, a mí no me gusta ver que los saquen. Sus movimientos son súper extraños en general, quiero decir: distintos a los que yo haría. Entonces bailar, jugar con ellos, copiarles, dar la mano, estar cerca… Para mí eso no es fingido. Me agrada, porque además no estoy sola, estoy en un espacio de protección y amor entre músicos y músicas y bailarinas. Por eso aprovecho de interactuar y convivir en realidad con las realidades de la calle.

Confiamos en el fluir natural de nuestros cuerpos y su proyección en los y las demás. Al son de los tambores, y habiendo sido acompañadas con mucho cariño en cada instancia de ensayo y encuentro, nos despojamos de prejuicios y miedos, para bailar a nuestro ritmo.

María Esperanza Duarte (MD): Siento libertad al no tener que someterme a los estereotipos de la ciudad: moverme libremente, sin importar los prejuicios. El ser humano siempre va a enjuiciar, pero en la danza callejera vivimos otra realidad, sobre todo en las poblaciones, donde la gente se entrega tan abiertamente. Es algo que nunca había experimentado y se siente muy adentro.

El
camino
del
cuerpo

Josefa García (JG): Para mí era muy importante cambiar el mundo, no validar aquellas prácticas que creo que están mal. Necesitaba hacer algo por esta sociedad, y por ello me postergaba… En cambio, ahora creo que para cambiar el mundo es necesario estar en coherencia, haciendo lo que te apasiona y te hace vibrar, cultivar amor para fortalecerte. Obviamente, ojalá no me fortalezca sólo yo, y seamos muchos, ¡E ir todas en pelota a La Moneda a sacar a todos esos corruptos y empezar la anarquía del amor ja ja! (…) En La Provinciana he aprendido a tener paciencia y soltar. Cada vez voy con más soltura mental y corporal a cada suceso. En las condiciones de nuestro arte callejero a veces no se pueden alcanzar las expectativas, pero está bien, ¡Y enserio tiene que estar bien! Lo sueltas, porque tienes que entregarle lo mejor de tu danza a la gente.

Parece ser natural que para todas y todos llega ese momento en que empezamos a cuestionarnos nuestro rol en la vida, en el mundo, en la comunidad. Preguntarnos sobre nuestro estilo de vida, de sexualidad y sensualidad, alimentación, relaciones humanas, militancias políticas, religión. Las bailarinas de La Provinciana Sangre Buena tenemos en común la aparición evidente e inesperada del cuerpo en nuestras conciencias y decisiones de vida. Sí, el cuerpo con el que se siente, se vive, y, también, se encuentra el conocimiento. Todas quienes hemos conformado esta experiencia dancística hemos cambiado nuestras vidas, a veces radicalmente, para dedicarnos a la danza y a la experiencia corporal presente.

Javiera Ríos (JR): Una es busquilla, a mí siempre me ha llamado la atención el cuerpo. Me preguntaba ‘¿Por qué me doblo los tobillos? ¿Qué pasa, cómo funciona?’  Por eso me metí a estudiar kinesiología, para entender… Y, de pronto, llegar a un espacio donde hay puros pares moviéndose al son de tambores es muy potente, te da confianza estar ahí, sin esfuerzos se proyecta en los y las demás.

La transformación se basa en las ganas de hacer un bien social conforme a nuestros ideales. La decisión de sentir nuestro cuerpo nos ayuda a armonizar el diálogo entre nuestras búsquedas introspectivas y definiciones sociales. La experiencia sensorial subjetiva, emotiva y reflexiva nos orienta en el cultivo del bienestar y la alegría propia, y en la búsqueda del bienestar común. Las prácticas corporales sociales restringen y condicionan cuerpo y credo. Velar por ambos es fundamental, preocuparse de la nutrición y bienestar corporal, así como vigilar juicios y prácticas que resultan dañinas para una misma y los y las otras.

CSM: Nosotras ensayamos en la calle, ahí nos cambiamos, elongamos, nos masajeamos, bailamos libremente y regalamos eso públicamente…

MD: A mí me pasó eso, comencé a normalizar el escuchar mi cuerpo donde sea… Antes el entrenamiento para mí era privado.

GV: Por ejemplo, tener una contractura ¡Y elongar! En el metro me miran raro y me cohíbo, pero lo hago igual ¡Algo tan pequeño parece ser tanto! Si a todos y todas les duele algo… Yo pienso ‘si te duele, muévete ¡Haz algo!’

JR: Sí, a mí me empezó a pasar después de La Provi, eso de quitarse la vergüenza de estar estirando… ‘Pues, ¡Sí, estoy estirando! Me quiero mover ¡Y no te estoy coqueteando!’

Empezamos a hacer y ser eso en lo que creemos. Al final nuestros cuerpos siempre son los mismos. Esos cuerpos danzantes, somos nosotras.

Carolina Rozas (CR): En mi casa pongo música y bailo, y esa soy yo. En realidad, para eso me ha servido también la comparsa, para dejar de hacer la distinción entre lo que es mi cuerpo en privado y lo que es mi cuerpo en la calle.

AA: La expresión libre del cuerpo es también metamorfosis de nuestras mentes: “Al danzar, como estás tanto en el cuerpo, la mente está volando bajo… ¡Como que se queda atrás!”

Sandra Pavez (SP): La Provi, o la danza -que para mí son lo mismo- se transformó en un estilo de vida; me desbloqueó, cambió hábitos, ideas de los otres y de mí misma, expandió la realidad. Con la danza aprendí que siempre se puede intencionar un poco más, llegar más allá, dejar expuesto que hay límites autoimpuestos y superarlos.

CSM: Es como telepático…  Ya no hay ese segundo de retraso al imitar, sino que vamos todas juntas. como cuando sucede eso de estar súper conectadas y alguien se equivoca, y me equivoco yo también, aunque no quería, es el cuerpo el que reaccionó… El cuerpo empieza a hablar primero (…) Así también descubrí que todo es movimiento y en nuestra danza nada es desechable, pues siempre es constitutiva del espacio mágico que todos y todas las presentes habitamos al momento de desplegar nuestro arte (…) Esta escucha corporal trasciende a todos los planos… Empecé a discernir a través del cuerpo: las sensaciones físicas me pueden indicar cuando estoy mintiendo-me o actuando con honestidad, duda, rencor, etc; puedo sospechar, intuir, concluir y decidir desde el cuerpo.

Constanza Gerter (CG): Por mucho tiempo la vergüenza fue más grande que la voz de mi cuerpo, pero finalmente lo escuché y me di cuenta de que pasaba sentada todo el día, que los deportes que hacía eran funcionales y que lo llenaba de basura (cafeína y azúcar para resistir la carga universitaria) ¡Qué pena!… Con la danza empecé a relacionarme con mi cuerpo, a entrar en él como la casa que me estaba dando el mundo pa’ percibirlo, habitarlo, amar y amarme. Entonces fue como una droga, empecé a hacer todo lo que podía en danza, no había ningún sentido concreto en eso, sólo sabía que nunca quería dejar de hacerlo; luego empecé a pensar y vivir la danza de una forma distinta. Me di cuenta de que yo soy una persona muy racional, y a veces tenía que apagar mi mente. En los carnavales viendo a la gente, admiré su ingenuidad y humildad, la sonrisa, la esencia del movimiento, y pude ver que hay algo muy profundo dentro de todas y todos que palpita. Y también que esta forma de vida lo reprime: nos apresan en espacios cerrados y nos obligan a tener miedo y vergüenza de nuestro cuerpo. Pero esa pulsación genuina, esencial y ancestral es lo que sale cuando bailamos y lo que sale de los/las músicos/as cuando tocan y de la gente, que por eso nos mira, porque también quiere eso en sí misma.

El carnaval es un espacio social y ritual de libertad y poder transformador extraordinario. Compartimos un espacio, nos estamos deconstruyendo y construyendo en el contacto y la percepción mutua. Entonces no pasa lo que ocurre en otros espectáculos, en los que de antemano se establece una separación entre el o la espectadora y la o el bailarín, porque se subentiende que alguien del público jamás podrá hacer lo excepcional que hace quien está en escena. En carnaval, espectador e intérprete de implícito aceptan que son iguales, de este modo hay una predisposición a ser transformadE; y la magia ocurre en la/el otra y otro cuando te ve bailar y se identifica en ti, eres él/ella, eres cercana, eres su espejo, y sin preparaciones previas ¡das un salto, brincas o te inviertes! Como diciendo: “tú y yo somos libres de movernos, ¡también puedes intentarlo!”

CSM: Llevo años haciendo arte callejero de distintas formas, y cuando bailé por primera vez en un escenario con luces -que no te permiten ver la cara del ‘público’-, me di cuenta que me sentía vacía, como que cortaron mi cordón umbilical con el arte, porque cuando bailo siempre me voy nutriendo de lo que hay afuera, las personas, los paisajes… Eso motiva, intenciona y modifica mi danzar.

JR: Sí po’, si es una conversación.

GV: Y es un trabajo, por eso en ensayo tenemos que mirarnos entre nosotras y el resto, para salir de nosotras.

AA: En el carnaval compartimos la energía recibida y creada en los ensayos y preparativos, y nuestro movimiento se vuelve medicina para quienes gozan mirando nuestras sonrisas, juegos, ritmos, sabor y diversidad. “Lo hacemos con gusto, y es a lo que le dedicamos la mayor parte del tiempo. Entregar-se es lo usual, necesario y hasta adictivo”

Tanto como el carnaval, ensayar con La Provinciana Sangre Buena es parte de nuestras vidas, los ensayos son espacios y momentos sagrados para trabajar la danza y música. Se genera una simbiosis en la que todos y todas nos entregamos al momento, sacando el mejor provecho, haciendo presente el amor, la alegría, la reciprocidad y la práctica de sanación.

JR: El profe nos decía que el estrés se da por no estar haciendo lo que queremos hacer… Y pensaba en que yo si hago lo que quiero, que es bailar, es mi panorama y carnavalear los sábados es habitual, le dedico tiempo a reír, bailar y bailar libremente por horas.

SP: Al estar presente en el cuerpo, te das cuenta de pequeñas pero infinitas cosas que hacen la diferencia(…) Yo usé mucho tiempo tacos y me bajé de ellos cuando sentí-entendí el daño que me hacía; cuando sentí mis pies y el contacto profundo con la tierra al apoyarlos completamente en ella. Me di cuenta que yo no apoyaba todo mi pie, y fue entender que mi pie estaba atrofiado, y así también mi caminar y equilibrio. Entonces tuve que hacer un trabajo constante de estar consciente.

CR: Botas alguna pena que tenías guardada, y dejas que fluyan las emociones.

CSM: Esas que si no hallan su fluir son una contractura, jaqueca, insomnio, dolor de garganta, estómago, etc.

MD: Te das cuenta que la conciencia del cuerpo (siempre en movimiento infinitamente) es fundamental para estar tranquila, para conocerse, y te permite un equilibrio entre la mente, el cuerpo y el alma.


Danzando
nos
comunicamos

CG: La danza es algo latente e intrínseco a todo ser humano, desde antaño se ha usado para comunicarse con lo divino y lo desconocido en ritos sagrados y purificadores. Todos y todas nos relacionamos con el mundo inevitablemente. Por esto la gente despierta al ver danza y escuchar sonido vivo; es un llamado ancestral, mágico y no racional. El cuerpo es incitado a ser desplegado: a moverse y mover. La quietud no es inherente al ser humano, ni siquiera al Universo mismo. La vida, el tiempo, el espacio, son cambio; y el cambio es movimiento.

La
intervención
en
la
calle
es
importante
y
honesta
en

misma.

SP: A veces la mente te está insistiendo: ‘¿Y si paro un rato a descansar?’ Entonces miras a la gente sonriéndote, bailando, y te dices ‘No po’, ¡Si yo estoy aquí para esto; y si puedo sacarle una sonrisa a alguien, aunque sea un segundo ¡cómo no hacerlo!’(…) Y no existe un tras bambalinas, no existe ese escenario donde una pueda bajarse; en la calle una siempre está ahí, siempre está en escena (…) Es como una responsabilidad, pero una responsabilidad rica. Se ha convertido en mi lenguaje con la sociedad, y dan ganas de mejorar mi expresión corporal para entregar cada vez más.

Cuando nos entregamos de esta manera recibimos amor, aprendizaje, gratitud y energía, que es fuerza; y nos damos cuenta que con la danza podemos decidir comunicar.

JG: Cuando partí apoderándome de las coreografías y movimientos, me sentí muy sensual. Lo tenía muy a flor de piel, pero ahora me veo y ya no estoy bailando desde ese lugar, sino que eso se fue transformando. Empecé a tener también la capacidad de ser más juguetona, aguerrida, irreverente. Dejó de importarme cómo se viera y comencé a centrarme en intentar transmitir con el cuerpo al máximo la energía que tenemos dentro. Y a la gente eso le llega mucho, lo admira y se contagia; les da alegría y fe en nosotras; se acercan a decirnos gracias. Dan ganas de ir a compartir lo que hemos aprendido.

AA: Es verdad que en el carnaval entregamos alegría y amor, pero también problematizamos. No todos/as estamos en la misma; hay diferentes clases sociales e ideologías. Nuestros cuerpos en sí mismos son diferentes, tenemos momentos de improvisación en que es evidente un lenguaje distinto, los peinados son raros, algunas no se depilan, hay una contracultura(…) Agregar a todo esto que lo que hacemos es erótico: mover la pelvis para algunos es muy sexual y restringido. Nosotras lo sacamos de ese marco e improvisamos en la calle, ¡Dándole con todo! Puede generar mucho conflicto; hay gente a quien le debe parecer horrible.

CSM: O el hecho de bailar samba con falda, peto, y pelos, estaba condicionada a pensar que no encajaba, y me asustaba el hecho de exponerme al juicio de los demás.  Pero a la vez, por eso tenía que ser fuerte y bailar con tanta entrega, para que las personas disfruten a pesar de no encajar en sus cánones de belleza y así darle importancia a lo esencial: la danza. El cuerpo es consustancialmente expresión de nuestra sensualidad(…) Podemos decidir exponerla de manera distinta a la sensualidad que representan comercialmente las mujeres.

JG: Es algo coqueto pero tosco, quizás no bello a primera impresión. Y esto genera un choque, pero eso es lo que me encanta, sacar de los esquemas a las personas y a mí, porque ahí se generan los espacios para cuestionar.

La estética en la comparsa busca hacernos sentir cómodas y aceptarnos a nosotras mismas a través de las diferencias que nos permitimos expresar en nuestros trajes, maquillajes y peinados. Realmente, ninguna está obligada a nada: Ni a mostrar, ni tapar, ni depilarse o no hacerlo. Incluso en el movimiento, a pesar de existir coreografías, consignas y formaciones espaciales, de implícito sabemos que siempre puedes salir de estos a gusto, es la convivencia en sí, y el trabajo desde el goce colectivo lo que nos lleva a aunar nuestra estética.

GV: A mí me pasa mucho que siento que mi cuerpo no calza en los estereotipos de danza, y siempre he luchado con eso. Decir ‘no po’, mi cuerpo es así, es grande, tengo el poto grande y soy chica, pero tengo estas capacidades’ (…) Este es mi cuerpo y lo disfruto mucho; doy todo lo que tengo con él y disfruto con eso.

En nuestra experiencia observamos que hay cosas intrínsecas a la práctica del rito-carnaval, como lo es aceptar los rebotes naturales del cuerpo, sudor, flujos, sensaciones y estados corporales variados. Nos damos permisos que se han evitado socialmente desde la colonización.

Está muy instalado socialmente eso de ‘la mina rica’, pero con la danza de La Provinciana nos permitimos no ser la mujer a la que mirarán de esa forma, mostrando de otra manera, a través de movimientos no acostumbrados y que no imaginábamos, y eso se siente liberador.

CSM: A mí me hervía la sangre que el comentario siempre fuera ‘super bonitas’ ¡Cuando entregamos el alma…! Me propuse que esto cambiara, que podamos ser mujeres jóvenes, ¡Sí! Saludables y también hermosas, pero sobre todo diversas, fuertes, genuinas, y libres. Y empezó a suceder, cada una tiene su esencia y está involucrada haciendo lo que hace, con intensidad. Eso trasciende lo bonito y lo feo.

Nos esmeramos por propiciar un ambiente de afecto y respeto; ha sido liberador tener compañeras y compañeros de los cuales no debes cuidarte; ocultar tu fragilidad ni tu fuerza, ni tapar tu cuerpo ¡que después de un carnaval quiere despojarse de todo!

La
propuesta
del
carnaval

En esta exploración sobrepasamos el cansancio bailando horas, y nos enfrentamos al dolor y múltiples sensaciones con las cuales nos relacionamos a la vez que interactuamos con el contexto.

CSM: Después de los carnavales no puedo socializar tan rápido; pierdo un poco la voz, el cuerpo me vibra mucho, y no me puedo la cabeza; se cae el cuerpo; necesito abrigarme y estar acostada en silencio un momento…Vivo una muerte.

CR: (…) Aprender a tratar los dolores en un espacio performativo, en el que todo el mundo va a ver que te duele y la energía está baja… hay una responsabilidad con lo que ahí está pasando, con la gente que te está viendo y con lo que tú le estás entregando. Es un tema muy bonito relacionado a la ética del cuerpo.

CSM: En vez de estar enojada o enferma y responder con una rabieta a las personas, entrego una energía que es un aporte. Gracias a que estoy sana puedo colaborar, responder, puedo estar más.

La experiencia en las calles nos ha dado respuestas, secretos y sobre todo preguntas sobre cómo integrar a niños y niñas, personas mayores, y con todes ¡romper la barrera que nos separa! La horizontalidad la proponemos por medio de nuestro propio cuerpo, adornado de magia y misticismo para que la gente se integre y nos use como excusa y medio para evadir la vergüenza, desatar lo genuino, llegar a un estado.

Carnaval es quitar de ti todo lo que te hace ser tú para entrar en un trance, en un estado de liberación del espíritu. Significa carne levare, esto es: quitar la carne, eliminar tu historia personal, tu nombre y tu rol social para disfrutar de una situación horizontal, sin distinciones de ningún tipo, sólo los placeres de la celebración.

CSM: Yo descubrí un secretito con los niños y las niñas: les gusta copiarte. Si veo que se están moviendo un poquito, entonces me acerco para hacerlos bailar. Y ellos/as en general quieren tener un guía, entonces ahí yo empiezo a hacer el juego de dar cierta información para que ellos me copien -se supone- ¡pero en verdad yo les estoy copiando a ellos, y piensan que me están copiando a mí! Es increíble cómo van definiendo más su danza al verte a ti, que eres su espejo; y van trazando con mayor convicción y agarran vuelo. Si no hago evidente que soy yo la que les está copiando a ellos o ellas, sienten la confianza de que estoy proponiendo, y eso les gusta. Esa ha sido mi técnica casi infalible con niñas/os, y también me ha pasado con adultos/as. En el fondo son artimañas para ayudar a construir con propiedad un movimiento. Ha sido un gran descubrimiento en el rol de la enseñanza probar guiar de ese modo bilateral en que, en vez de entregar una serie de datos incuestionables sobre un movimiento, yo como pseudo profe o persona que se supone que entrega, intento reproducir eso que decodificaron los otros de lo que yo les di, y en realidad recibir de los otros, ¡Les estoy robando! jaja… Es una construcción recíproca; no se sabe quién está siguiendo a quién.

Habitar el espacio a través de la danza se ha convertido en algo tan importante para quienes participamos de este arte, porque ella constituye una parte considerable de nosotras. Se ha permeado en nuestra vida de múltiples formas y, porque creemos que todo cuerpo puede y debe bailar, dedicamos nuestra experiencia a encontrar la forma de ser contagiosas, legibles, transversales, y manifestar la magia infinita del mundo (¡El mundo está lleno de magia!). El movimiento es una necesidad vital que precisamos para gozar del buen vivir, para conectarnos con la otro, y con El otre, para acercarse a una misma y desde una al otro.